El Perú ya no necesita más diagnósticos
El nuevo Gobierno del Perú merece un periodo de evaluación, dado que recién inicia su gestión y sería prematuro juzgar sus resultados. Sin embargo, es fundamental señalar desde ahora las necesidades urgentes del país: reformas. La creación de cuatro comisiones presidenciales por parte del Ministerio de Economía y Finanzas puede ser un primer paso en este proceso. Estas comisiones se enfocarán en la informalidad laboral, los mercados financieros y de capitales, la inversión pública y la evasión tributaria.
El Perú no carece de diagnósticos; durante años se han identificado los problemas que obstaculizan el crecimiento y se han propuesto reformas. Lo que ha faltado con frecuencia es la capacidad de transformar esas ideas en decisiones concretas. Elmer Cuba, el ministro de Economía y Finanzas, ha delineado una hoja de ruta de nueve meses: tres meses para el diagnóstico, tres para discutir políticas y otros tres para implementar medidas concretas. Aunque tres meses pueden parecer insuficientes para diagnosticar problemas complejos, el país ya cuenta con abundante evidencia y propuestas acumuladas a lo largo del tiempo. Este periodo debería enfocarse en organizar la información, identificar prioridades y tomar decisiones, en lugar de redescubrir lo que ya se conoce.
Las reformas son urgentes, y algunas de ellas son de naturaleza estructural. Por ejemplo, la informalidad no se resolverá en un año ni en cinco; se requieren cambios que hagan más atractivo y viable el camino hacia la formalización. De igual manera, es necesario desarrollar un mercado de capitales sólido, asegurar una inversión pública eficiente y contar con una administración tributaria que reduzca la evasión sin aumentar las tasas impositivas. El ministro ha establecido una meta ambiciosa: lograr que, hacia el final de su gestión, la economía crezca a tasas del 5% o 6%, con un mercado de capitales más robusto y una menor informalidad en el empleo.
Las comisiones tendrán aproximadamente 270 días para trabajar. El tiempo es limitado, y el éxito no debe medirse solo por la cantidad de páginas en sus informes, sino por cuántas de sus recomendaciones se convierten en normas y, sobre todo, en reformas efectivas. Además, la institucionalidad se presenta como un desafío. Aunque el Banco Central de Reserva (BCR) mantiene su credibilidad, esta fortaleza no se refleja necesariamente en todas las entidades del Estado. Ninguna reforma podrá sostenerse si las reglas cambian constantemente o si las instituciones carecen de capacidad técnica. Es crucial ofrecer al nuevo Gobierno la oportunidad de demostrar que puede implementar los cambios que el país necesita, al mismo tiempo que se le exige resultados concretos. El Perú ya tiene un conocimiento considerable de sus problemas; el diagnóstico es esencial, pero esta vez debería ser solo el punto de partida para la toma de decisiones y la ejecución de reformas.